Se descubre la inmersión de Picasso en el mundo de las artes escenográficas. La exposición se divide en dos grandes bloques: las escenografías realizadas por el artista entre 1919 y 1924, donde encontramos a un Picasso burgués, que ya ha alcanzado el éxito y se incorpora a la noción de arte total, y una segunda etapa de relación con la danza que se puede situar entre 1968 y 1972.
En el primer bloque se muestran enmarcadas las estampas pertenecientes al libro de Le Tricorne, junto a la proyección de la reconstrucción historicista del ballet de la Ópera de París de 1919, realizada ochenta años después. La proyección permite ver en acción el diseño de vestuario y el telón de fondo que ideó el artista.
Las estampas con los treinta figurines del vestuario del ballet, se sitúan en un muro curvo con una iluminación muy ajustada y dinámica, en oposición a la gran pantalla donde se proyecta el ballet. La moqueta granate incide sobre la idea de teatro.